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  • Zulma Moreyra

Caminito Que El Tiempo Ha Borrado

Actualizado: 19 de oct de 2018


Por estos días, debido al calor,  los olores se impregnan mucho en el aire y los recuerdos vuelven con mayor rapidez. Transitando por las callecitas de mi barrio, distingo a lo lejos un manto rosa fucsia de cardos en flor, inmediatamente viene hacia mí aquella canción que solía cantar mi abuela: “Caminito cubierto de cardos, la mano del tiempo tu huella borró… Yo a tu lado quisiera caer y que el tiempo nos mate a los dos”.

Hasta suelo escuchar como lo silbaba. Por supuesto que no comprendí su canto hasta después de su partida. La cantante griega, Nana Mouskouri, expresa muy bien ese sentimiento en un fragmento de esa misma canción: “Desde que se fue triste vivo yo, caminito amigo, yo también me voy”. Mi abuela fue una mujer fuerte y andariega, para ella el amor “eran pavadas”, jamás hablaba de mi abuelo y nunca conocí fotos de él. Cuando preguntaba ella solía responder: “Pero…, un negro fiero”. Mi abuela también sufrió por amor. La historia dice que mi abuelo vino de Brasil y trabajaba como peón de campo. Cuando trabajó para el padre de mi abuela, un turco dueño de más de medio pueblo, respetado por muchos y temido por otros, se enamoraron y decidieron darle lugar al amor, ganándose el rechazo de su padre y perdiendo todo reclamo a herencia alguna. Estas cuestiones no fueron de importancia para mi abuela, a pesar de todo se casaron y tuvieron tres hijos. Un día, cuando el mayor tenía tan sólo cuatro años, mi abuelo la abandonó y nunca volvieron a verse. Así se forjó la historia de esta mujer dura y descreída en cuestiones del amor, y cada vez que escucho esta canción, registro a lo largo del tiempo la huella del dolor en su corazón.

“Caminito que el tiempo ha borrado, que juntos un día nos viste pasar, he venido por última vez, he venido a contarte mi mal”.


Cardo Mariano En medicina china, el hígado es el órgano encargado de dispensar armónicamente la energía (chi) y la sangre hacia todo el cuerpo. Allí se deposita la rabia y el enojo, el mejor reconstituyente hepático es el cardo mariano (Silybum marianum). Es una planta silvestre muy noble, he visto crecer familias en lugares donde el agua ha escaseado por más de un año. Es buena para tomar después de un tratamiento prolongado de antibióticos o quimioterapia, intoxicaciones o envenenamiento, cirrosis, hepatitis y cuando la flora intestinal queda barrida, esta planta originaria del Mediterráneo reconstruye las células hepáticas rápidamente. También es buena acompañante en una dieta para adelgazar debido a que elimina toxinas e impide la acumulación de grasas en el hígado, bajando los niveles de colesterol. El cardo mariano ayuda además en la producción de leche materna. Se puede tomar en té y en tintura madre, una gota por kilo de peso, unas dos o tres veces al día. Recuerden consultar a su médico de cabecera ante cualquier duda.

 Zulma Moreyra

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